Vaya por delante que, siendo relativamente joven, confesar hoy en día que a una le gusta
Mª Dolores Pradera no resulta nada
cool pero, bueno, ¿quién no tiene alguna pasión sorprendente o inconfensable ligada directamente a las cosillas del corazón?
La cuestión es que, proviniendo de una familia obrera, las herencias recibidas de mis familiares han sido siempre inmateriales o genéticas (esa dichosa nariz prominente que ha pasado de generación en generación). De ese modo, una de las cosas que mi padre pudo dejarme cuando murió fue una profunda admiración, rayando en la idolatría, por Mª Dolores Pradera. Parece que le estoy viendo sacar cuidadosamente sus vinilos de la carpetilla y depositarlos ceremoniosamente en el tocadiscos, con pasadita de cepillo incluida para dejarlos impolutos, y que comenzara a sonar aquella cálida y cercana voz cantando, con perfecta dicción y

candencia, historias sobre amores antiguos en climas tropicales, vereditas verdes, hombres de verdad (de esos que buscaba
Alaska pero en versión colonial) y caballos bien enseñados. Y, bueno, ya se sabe que los niños son como esponjas y de tanto escuchar a Mª Dolores acabé deseando que fuera de mi familia, viniera a cenar en Nochebuena y me llamara "chamaquita".Éste es uno de los discos que frotaba y refrotaba mi padre…
Aunque Mª Dolores Pradera es madrileña de pura cepa, vivió algún tiempo en Chile y, desde el principio de su carrera, se especializó en canción folclórica latinoamericana, hasta convertirse en lo que comunmente se conoce como una “Gran Dama de la Canción”, título que se adquiere, habitualmente, como consecuencia de una sólida y larga carrera artística llevada con elegancia y distinción, alejada del escándalo y del papel couché (digamos que
Isabel Pantoja no podría recibir ese título por mucho que lo quisiera). Además de su faceta como cantante, no hay que olvidar que también ha sido una afamada actriz de cine y teatro y que estuvo casada unos cuantos años con
Fernando Fernán Gómez, dato que dice mucho a favor de pensar que la buena señora debe ser un pedazo de pan.
"El rosario de mi madre" o las miserias de una separación sentimental en versión elegante:
"El rosario de mi madre". Mª Dolores Pradera. TVE. 1969
Inevitablemente la pasión familiar por La Pradera (como la llamábamos en casa), acabó incluyendo a mi madre que siempre había sido más de
Manolo Escobar. El caso es que a mi madre lo que más le impresionaba de ella cada vez que veíamos alguna actuación suya en Televisión Española, no era su voz sino más bien su elegancia, su porte (tan rubia, siempre con un peinado perfecto) y, especialmente, sus ponchos fashion y sus chales...si, sus chales, una prenda que Mª Dolores lucía habitualmente en sus actuaciones y que movía con un estilo y un nivel de dificultad que cualquier mujer que haya asistido a una boda con uno de esos inventos demoniacos, sabría apreciar y envidiaría. Además y seguramente gracias a su
background como actriz, uno de sus puntos fuertes siempre ha sido la gestualidad en el escenario y la elegancia de sus movimientos, especialmente hipnóticos en lo referente a sus manos, que un precioso marco para sus canciones.
Aquí interpretando La flor de la canela con uno de sus famosos ponchos y sus característicos acompañantes a la guitarra y voz,
Los Gemelos (una especie de Hernández y Fernández de la canción melódica):
"La flor de la canela". Mª Dolores Pradera. TVE. 1983
Años después de haber interiorizado que canciones como
"La flor de la canela",
"Fina estampa" o
"José Alfredo" pertenecían, por derecho, a Mª Dolores Pradera, mi trayectoria idolatricia sufrió un sobresalto cuando alguien por el que yo profesaba casi casi tanta admiración (eso ya lo contaré otro día) me descubrió que muchas de esas canciones habían sido compuestas e interpretadas por la cantante peruana
Chabuca Granda a la cual yo no tenía el gusto de conocer pero que, tras la investigación que llevé a cabo, resultó ser una figura emblemática de la canción latinoamerciana. Mª Dolores también ha cantado muchas composiciones de otras grandes figuras como el mexicano
José Alfredo Jiménez,
Atahualpa Yupanqui o
Violeta Parra, popularizando así en España el folclore latinoamericano en forma de baladas, boleros o rancheras.
Mª Dolores Pradera lleva cincuenta años en el mundo de música así que su producción musical hasta la fecha es extensísima y por ella ha cosechado más de 30 discos de oro (de los de antes). Ha colaborado con artistas tan diversos como
Los Sabandeños, Los Secretos, Joaquín Sabina, Caetano Veloso o con el que para mi gusto fue su mejor compañero con el que llego a hacer una gira, el granadino
Carlos Cano, otro maravilloso cantante que dignificó la copla andaluza y otros géneros populares y que, lamentablemente, murió tempranamente.
Los dos cantan el precioso fado
“María La Portuguesa”:
"María La Portuguesa". Carlos Cano y Mª Dolores Pradera. TVE. 1990
A veces me da por pensar que si la gente pudiera escuchar lo que llevo en el
Ipod cuando voy en el metro se soprenderían bastante (tengo gustos muy, digamos, “eclécticos”) pero la verdad es que hay pocas cosas que me serenen más que la hermosa voz de La Pradera trayéndome recuerdos de un padre al que siempre echo de menos…
Ay, papá, lo de la nariz no te lo perdono pero ¡cuánto agradezco tu buen gusto musical!