viernes, 7 de agosto de 2009

26. Mi primer gran concierto

Yo era fan de U2 desde que escuché por primera ver “New year’s day” allá por el 83. Enseguida compré aquel single con niño en la portada, y Bono, con su pelo corto y despeinado, terminado en melenita agitanada, me parecía hasta guapo. Al año siguiente apareció “The Unforgettable Fire”, y me lo compré inmediatamente. Aunque por entonces me pareció un álbum algo denso y aburrido, incluía “Pride (Stop in the name of love)”, que no era una versión de Diana Ross & The Supremes, sino otro temazo de los que hacen época.
La verdad es que les perdí la pista hasta su aparición en Live Aid, pero fue a principios del 87 cuando me reencontré con ellos definitivamente.

Se organizó una excursión oficial del instituto a la ciudad de Barcelona. Visita cultural con museos, barrio gótico, Sagrada Familia, en fin, excusas para salir de casa y coger una buena en la noche barcelonesa. Una mañana, recuerdo como el autobús nos llevó hasta Montjuic, el preolímpico claro. Allí, ya parados se produjo una discusión inevitable: las dos españas frente a frente. El eterno enfrentamiento entre... los de ciencias y los de letras. Que si vamos al Museo de la Ciencia, que si mejor a la Fundación Miró... Sesenta adolescentes exaltados y enfrentados, no por el Barça y el Madrid, ni por los Beatles y los Rolling Stones, sino por un debate prerenacentista entre ciencia y arte, que súbitamente se vio interrumpido cuando el presentador de los 40 Principales anunció por la radio el estreno del nuevo single de U2. Seguramente nadie se dio cuenta más que yo, pero aquel locutor plasta pronunció un título que no fui capaz de memorizar más allá de “nosecuantos... you”. La canción era lenta y en subida, con una melodía fantástica y un apoteósico final. Te ponía los pelos de punta.

Efectivamente, U2 lanzaban su “The Joshua Tree”, hasta entonces su mejor disco y el que les lanzó definitivamente en todo el mundo, y les trajo de gira a España.

Yo nunca había salido de Valencia para ver un concierto, nunca había emprendido un viaje con el único objeto de ver un concierto y volver. Pero yo necesitaba por encima de todas las cosas, asistir a ese concierto en el Santiago Bernabeu, en Madrid, donde además de U2, el cartel llevaba nombres cono UB40, Big Audio Dinamite y sobre todo mis adorados Pretenders, la banda de Chrissie Hynde, que acababa de sacar “Get Close” que me gustaba mucho muchísimo, y que yo seguía apasionadamente desde los tiempos de “Brass in pocket”.


"Brass in pocket". The Pretenders. Videoclip. 1980


El caso es que en Valencia se montó bastante revuelo con aquel concierto. Muchos fueron los trenes y autobuses que partieron aquel miércoles hacia Madrid para asistir al espectáculo. La Comunidad de Madrid y el Año Europeo del Medio Ambiente, patrocinaban el festival (que entonces a esto no se le llamaba festival, pero lo era), por lo que la entrada solo costaba 1.500 pesetas de entonces.

Así que Sento, Manuel y yo nos embarcamos en un viaje organizado, autobús y entrada, emocionados como si se tratara de una aventura arriesgada. No recuerdo bien quién fue, pero a última hora un amigo nuestro se apuntó, y como viajaba en otro autobús, decidimos quedar allí para ver juntos los conciertos. Como no conocíamos el Santiago Bernabeu, ni la Castellana, ni nada, pues no sabíamos cómo quedar, y como somos tan listos decidimos quedar en una de las cuatro esquinas del estadio.
El Santiago Bernabeu, al menos el de entonces, no tenía esquinas. Entiéndaseme, las esquinas de su fachada estaban tan redondeadas que no eran esquinas, y todo era tan enorme y con tanta gente que dimos un par de vueltas al perímetro, en plan Paco Martínez Soria con una gallina bajo el brazo en “La ciudad no es para mí”, y decidimos hacer cola esperando la apertura de puertas.

Era nuestro primer gran concierto, y era la primera vez que esperábamos ansiosos haciendo cola. Las puertas se abrieron y la gente comenzó a entrar, y una vez pasaban el control de tickets, todo el mundo corría gritando eufóricos hacia las primeras filas. Y no sin cierto desconcierto, nosotros también; hasta el punto de aterrizar en el centro y a muy pocos metros del escenario. Perdida la esperanza de encontrar a nuestro amigo que posiblemente seguía dando vueltas al redondeado estadio, alucinamos con la grandeza del lugar.

Arrancaron Big Audio Dinamite todavía a pleno sol. Yo no los conocía, y ni siquiera sabía que se trataba de la nueva banda de Mick Jones de The Clash, pero me gustaron hasta tal punto que en cuanto regresé me hice con un par de discos suyos. A UB40 sí los conocía, y no es que yo haya sido nunca muy fan del reggae, y menos blanco, pero nada importaba porque pronto aparecería mi querida Chrissie.

Para entonces el estadio ya estaba abarrotado. Más de 80.000 personas, dijeron. El calor era sofocante y la sed empezaba a incomodar, pero moverse para conseguir unas cervezas significaba perder el puesto privilegiado en el que estábamos. Así que me dejé llevar por el fantástico concierto de los Pretenders. Esa mujer era tremenda, y estaba muy simpática, y la banda sonaba inmejorable. Tocaron todo lo que deseaba escuchar, todas mis canciones favoritas. Y sí, reconozco que una mujer al frente del una banda de rock, con su guitarra, me resultaba diferente. Un valor añadido.

La sed y el calor resultaban más que incómodos, y tantas horas de pie, también. Pero extendieron unos telones que cubrían las torres de sonido y el fondo del escenario que llevaban impreso un enorme árbol de Josué, como el del disco, y recordé que yo había visto en VHS el directo “Under A Blood Red Sky”, y entonces supe que lo de U2 allí, sería igual de mágico. Y así fue: las luces se apagaron, los teclados dieron la entrada y la guitarra de The Edge comenzó a sonar al son de “Where the streets have no name”. Exactamente así...


"Where The Streets Have No Name". U2. Live in Los Angeles. 1987


Bono se salió en escena. Habló con el público, trepó por una de las torres de sonido ante el entusiasmo del público, incluso ofreció uno de sus recursos más conocidos: aprovechar un solo de guitarra, para iluminar al público con un enorme foco que él mismo sostenía con las manos, de un extremo a otro del escenario. El Bono mesiánico ya estaba allí, consciente de que aquella potente luz, llegaba a cada uno de nosotros como si fuéramos elegidos y un dios nos tocara con la mano. Visto hoy, parece curioso lo que era capaz de conseguir ese hombre con un solo cañón de luz. Ahora necesita dos mil como ese, y otras tantas pantallas giratorias y naves espaciales.
La verdad es que el sonido fue flipante, y “New Year’s Day”, “Party Girl”, “Pride (In the name of love)”, “Bad”, aquella canción que tanto me impactó en el Live Aid, o “Sunday Bloody Sunday”, sonaron maravillosas.


"Sunday Bloody Sunday". U2. Live in París. 1987


Fue tal el fervor y la locura que sentimos allí, que olvidamos por completo que estábamos hacinados y a punto de morir deshidratados.

Pero el espectáculo terminó, y una sed infinita volvió a nuestros cuerpos con efecto retroactivo. Era necesario encontrar cuanto antes un bar abierto allí cerca, donde tomar una cerveza rápida y coger el autobús de vuelta.
Salimos entre la muchedumbre y encontramos varios bares, todos ellos llenos, llenísimos de gente. Era imposible conseguir unas simples cervezas. Desesperados, recurrimos a los lavabos. El agua que salía de aquellos grifos estaba muy fría, al menos yo así la recuerdo, y sentaba estupendamente. Y bebimos toda cuanta quisimos.
No sé cuánto tiempo pasó desde que acabó el concierto hasta que conseguimos remojar nuestras gargantas, pero el caso es que cuando volvimos al lugar donde estaba nuestro autobús de vuelta, se había marchado ya. Había decenas de autobuses de diferentes lugares esperando a sus pasajeros para partir, pero el nuestro ya no estaba.
Y allí andábamos, Sento, Manuel y yo, el pleno centro de Madrid, sin un duro encima y sin vehículo para volver a Valencia. Definitivamente la ciudad no era para nosotros.
Así que después de lloriquear en silencio, y de lamentarnos de nuestras desdichas, decidimos buscar otro autobús de otro viaje organizado, que fuera de Valencia y quisiera devolvernos a nuestros hogares paternos. Encontramos uno de Castellón, que esperaba a unos pasajeros que no llegaban y estaba a punto de partir sin ellos. El conductor nos dijo que si en diez minutos no venían, podíamos ocupar sus asientos. Así que esperamos a las puertas de aquel autobús durante diez eternos minutos, rezando para que aquellos incautos muchachos siguieran haciendo cola en un bar a la espera de unas cervezas, y no descubrieran lo fría y buena que salía el agua de los lavabos.

Lo conseguimos. Recuerdo el placer que sentí al entrar en aquel autobús, la tranquilidad al usurpar aquel asiento, y las horas del viaje de vuelta. Tiempo suficiente para repasar el maravilloso espectáculo del que habíamos disfrutado, y dejarme estremecer por la extraña sensación de haber vivido algo irrepetible, y en el mejor momento.

No he vuelto a ver a U2. Ni falta que me hace.




"With or without you"". U2. Live in París. 1987

6 comentarios:

Armando dijo...

Os imagino amorraos a los grifos... endevé...ains... que malo es no tener un duro...

Quizás en breve, el pueblo valenciano invierta, en una conversión masiva mediante el padre Bono...

P.D. Al final quienes ganaron, los de ciencias o letras?

:))

maiquel_nait dijo...

y si hay que terminar el nuevo mestalla para que quepa el escenario, se termina.

epo dijo...

Eso, eso: ciencias o letras? Y cómo volvisteis desde Castellón?

El concierto de Simple Minds en el Levante lo has contado ya? Y el de Prince en el Luis Casanova? Queremos saber!

cristóbal dijo...

fue un placer conocerte, amigo. Llegué de pura casualidad y terminé leyéndo todas las entradas, estuve más de un mes entretenido en esto. Realmente muy nutritivo y divertido, qué buen narrador. Un gran abrazo desde Chile!

Anónimo dijo...

Me acuerdo muy mucho, eramos 4 amigos, tres de ellos de Barcelona ciutat, ellos fueron al concierto, me parecia increible que fueran, yo no pude ir, por aquel entonces ni yo ni mi familia podia costear semejante sueño.
Unforgetable fire, para mi uno de los mejores de U2, Chrisie Hynde..verla en vivo ...genial, y los UB40, me gustaba su versión de Many rivers to cross..y Big audio, Dios el mismisimo Mick Jones, y yo amo a los Clash....

Blanca dijo...

Suscribo todo lo que dices, han pasado casi 30 años y aun me emociono al recordar aquel dia, fue más que un concierto, me siento una privilegiada por haberlo vivido, y encima en mi ciudad y mi barrio; nunca he vuelto a ver nada parecido y como bien dices, ni falta que hace volverles a ver.
Ya tocamos el cielo de Madrid aquel dia ;)