martes, 6 de febrero de 2007

14. Con heavies y en la disco

Definitivamente la modernidad se había apoderado de mí. Pero el camino había sido difícil hasta llegar a aquel invierno del 83 en que uno salía de casa a hurtadillas para que lo le vieran las uñas pintadas. Aquel que contaba de los pelos cardados y el disfraz de punk en la puerta de Distrito 10. Para llegar a eso fue necesario un rodaje y un tanteo, y mi timidez patológica seguía siendo una barrera.

Al llegar el verano del 83, mis padres y yo nos trasladamos un par de meses al chalet de mi tía, como todos los años. Suponía un cambio radical de vida: cambio de amigos, cambio de estilo, cambio de todo. Mi única conexión con la ciudad era los miércoles cuando bajaba para lo de la radio, y aprovechaba para comprar discos y eso.
El resto del verano andaba siempre con mi primo Adrián y su cuadrilla. Adrián mantenía intacta su belleza y sus dotes de liderazgo, pero se había hecho heavy, de pelo corto pero heavy, y los frikis de sus amigos, que hoy deben andar todos resignadamente casados con sendas chonis de extrarradio y tres o cuatro hijos para arrastrar en el carrito del Carrefour, también. Y ojo, heavys de entonces. De Obús y Barón Rojo, de Scorpions, Rainbow y Quiet Riot.

"Rockers go to hell" Barón Rojo (1982).
Curiosa versión original en inglés, de mi tema heavy español favorito

Yo me adaptaba enseguida, así que pronto me hice fan de las espantosas baladas de los Scorpions, el fantástico sonido de AC/DC, y sobre todo de una canción de Quiet Riot de aquel verano, “Cum on feel de noize” que era lo más. Años después descubrí que se trataba de una versión de Slade, y que Slade sí eran lo más. Pero esa es otra historia.

"Cum on feel the noize" Quiet Riot. Videoclip. 1983.


Lo cierto es que pasamos juntos tres o cuatro veranos, y que yo, pese a ser el raro fui muy feliz con ellos y todos lo pasamos muy bien. Ese fue mi rodaje: un montón de heavys de quince años, que se dejan la melena con la misma facilidad que los estudios, y yo en medio, estudiante de bachillerato disfrazado de moderno veraniego, de ambigua presencia y verborrea desconcertante. Era aquello de “en el país de los ciegos el tuerto es el rey”, pero reconvertido en algo así como “en el país de los heavys, el mariquita es el rey”.

Aquel verano mi primo, sus amigos y yo, fuimos habituales de la Galán y el Camelot, las discotecas del pueblo. Eran mis primeras discotecas. Bueno primeras, si no cuento las tardes gratuitas en Woody, cuando hacían un programa de radio y dejaban entrar a todos aunque no tuviéramos la edad.

Recuerdo perfectamente la Galán, con la pista iluminada con neón de colores con forma de rayos. Nadie bailaba, o casi nadie, y la música era la de moda, ni moderna ni heavy, pero a mis amigos no les importaba porque con que hubiera tías era suficiente para tenerlos ocupados. Así que la música se animaba y ahí aparecía yo en el centro de la pista con mi camisa roja con rallas blancas haciendo cuadros, que se cruzaba y se abrochaba a un lado como las camisas de Adam Ant o los estilosos muchachos de la Human League, rollito New Romantic. Veinte o treinta chapas modernas de colores vistosos, y un arreglo que me hacia yo con una cadena dorada y larga que tenía, en forma de zig zag por todo el pecho. Era supermoderno, causaba sensación, y provocaba comentarios de todo tipo. Perfecto.

Dos canciones fueron mis favoritas del verano del 83. Cada vez que sonaban me veía abocado a arrastrar mis cadenas por la pista. Una era “Dolce Vita” de Ryan Paris, hoy convertida en sintonía del programa de TV del mismo nombre. Ryan era una especie de Alessandro Lecquio pero francés, que tuvo un fugaz pero tremendo éxito con un tema en plan italo disco de alto voltaje, y con un sonido espectacular, y un estribillo para el recuerdo.

"Dolce vita" Ryan Paris. Videoclip. 1983.


Y la otra era “Blue Monday” de unos tal New Order. Entonces yo no fui todavía consciente de lo que supondría para mí el descubrimiento de New Order, pero aquella canción era, y es, hipnótica. Con ese bombo percutiendo constantemente y ese arranque irresistible para los pies. “Blue Monday” era espectacular y hacía volar. Y yo me dejaba llevar.

"Blue Monday" New Order. Live in Japan. 1985.


Por entonces no teníamos edad de conducir coche, pero sí de llevar moto, así que todos nos movíamos con nuestros ciclomotores de segunda o tercera mano. Yo conducía un Vespino del año 65 que mi padre le había comprado a un vecino. Era tan antiguo que todo era metálico, nada de plástico. Y como era muy fea decidí pintarla de color lila con remates en morado, y mi primo que, no me preguntéis por qué, tenía gran habilidad para desguazar motos, me la trucó con un cilindro de 65 para que corriera más. Mi vespino era super pop y corría que se las pelaba. Mi primera hostia en moto fue contra un ribazo bien gordo, cerca del chalet de mi tía. Me partí un labio contra el cuentakilómetros metálico. Con el tiempo empezó a hacer ruidos extraños, no el labio, sino la moto. Y cada vez que cogías una larga recta a cierta velocidad emitía un extraño sonido, como un quejido en forma de tos. Por esa razón mi Vespino del 65, lila y morada, con todo metálico y trucada con un cilindro de 65 pasó a la historia como la “Cof Cof”, en honor a esa tos crónica que padecía. Pese a todo, duró muchos años, y en mis primeros cursos en la Facultad siguió siendo mi Vespino Pop, mi “Cof Cof”.

Así transcurrió mi adolescencia premoderna, que cuento en forma de flashback. Ya en invierno la “movida” se apoderó de mí, y mi look se volvió sofisticado y en plan pop siniestro. En la ciudad estaba en mi salsa, pero la competencia era mayor, y una camisa rara de mercadillo y unas chapas con cadenas, no eran suficiente para jugar en la división de honor.


6 comentarios:

maiquel dijo...

yo leí una vez que blue monday era el single más vendido de la historia. no se si será cierto.
ya sabes cómo se dice en inglés "mi rollo es el rock"?

Chema303 dijo...

Qué historias más interesantes. Molaría haber estado ahí. Y escuchar el Blue Monday cuando las cajas de ritmos no eran tan conocidas.

Acid Queen dijo...

No Maiquel, no lo sé. El disco en inglés de Barón Rojo no lleva letras, y mi inglés es todavía peor que el de los Barón.
A ver si tengo un momento y la paso a mp3, y la pongo en este capítulo para que se pueda escuchar.

Acid Queen dijo...

Ale pues ya está puesta. A ver si vosotros pilláis lo que dice...

Como vereis, para estar sacada del vinilo suena de la leche.

Acid Queen dijo...

Yo voto porque dice "my hang is to the rock", algo así como "mi cuelgue es por el rock"... digo yo que no sé inglés...

RayWashed dijo...

En realidad dice "My heart is full of Rock" (o sea, mi corazón está lleno de Rock), no es una mala traducción... de hecho algunas de las canciones del disco tienen letras completamente diferentes en inglés y en castellano, "Satánico plan (volumen brutal)" en inglés se llama "Someone's loving you" (alguien te quiere), con éso lo digo todo...