lunes, 21 de agosto de 2006

2. Olivia y John

Los domingos por la mañana mi padre y yo siempre nos dejábamos caer por la Plaza Redonda. El mercadillo dominical atraía, y atrae, a mucha gente. Por entonces la mayor parte de los puestos eran de tebeos y de discos. Lo más habitual era que regresáramos a casa a la hora de comer con un paquete de varios tebeos de Bruguera, en plan superoferta de números atrasados, que devoraba ansiosamente a lo largo de la semana.
Pero el moderno que siempre llevé dentro empezaba a rebelarse, y encontró en el acontecimiento cultural de la temporada la excusa apropiada. Era el tránsito del tebeo al disco. Mi particular “de niña a mujer”.

Mi amigo Gonzalo, era con mucho el personaje más exótico del colegio. Sus padres, separados de entonces, eran así como hippies. Su hermano Gabriel, quien años después se convertiría en toda una estrella del pop local, tocaba la guitarra y tenía todos los discos de los Beatles. Su casa era diferente, era libertina, era como un parque temático dedicado al más allá de mi mundo tan pequeño. Gonzalo era un buen amigo, y una puerta al mundo exterior... un mundo donde se podía vivir despeinado, y con la camisa arrugada y por fuera del pantalón.
En mayo del 79, Gonzalo celebró como siempre su cumpleaños. Sus cumpleaños siempre fueron acontecimientos de primer orden. Los no invitados los veían con envidia y cierto recelo. Y no era para menos. Porque aquel año su madre decidió tirar la casa por la ventana e invitó a siete u ocho chavales, conmigo al frente que para eso era su mejor amigo, a merendar a un buffet libre, que por entonces era lo más porque podías comer todos los donuts del mundo y beber toda la coca-cola, de la de verdad que no había otra, que quisieras; las dos grandes carencias, junto a la Nocilla, de mi niñez de barrio obrero y caprichos los justos. Quién sabe si mis problemas con los triglicéridos empezaron aquel día. Solo sé que la tarde se completaba con una sesión de cine, y que sólo unas compras en el Corte Inglés, hubieran sido suficiente para que fuera la tarde perfecta. Y ojo, que el cine era de estreno, que yo iba casi todas las semanas al cine con mi hermana Verónica, el bocadillo y la cantimplora, pero al programa triple del Aliatar, a ver reestrenos con westerns serie b, Bruce Lee y con suerte, alguna de catástrofes, epidemias, invasiones o plagas... Solo había ido una vez a un cine de estreno: cuando me llevó mi padre al Serrano, a ver “La Guerra de las Galaxias”, que se durmió y me enfadé y le dije que nunca más volvería al cine con él, que yo ya tenía muy mala leche por entonces. Ahora me arrepiento de haberme puesto así. Ya ves tú, qué se le había perdido a mi padre en el cine, viendo una película donde nadie salía en bragas ni quitándose el sostén, si no era por estar conmigo... Pues bien, allí estaba yo, repeinado y con la camisa por dentro del pantalón, perfumado con colonia antipiojos, y con seis o siete más de la clase, Gonzalo y su madre, en la cola de los cines Martí a punto de entrar a ver, justo cuando más de moda estaba, “Grease”, con la maravillosa Olivia Newton-John y el megaguapo de morirse John Travolta. Las constantes emisiones posteriores por televisión y los cutre-musicales basados en el original han desvirtuado el valor de la adaptación cinematográfica, pero puedo asegurar que tras ver “Grease”, el mundo pasó del blanco y negro al color y se volvió pop, y aquellas canciones se apoderaron de mí. Bueno de mí y de todo el mundo, porque cada vez que comenzaba uno de sus fantásticos números, el público de la sala se levantaba y salía a los pasillos a bailar como si estuvieran poseídos. “Grease” era la locura, y yo no estaba dispuesto a quedarme atrás.

"Grease"  O. Newton-John /J. Travolta . You're The One I Want 1978.

Al día siguiente aparecí con mi padre por la Plaza Redonda, y con esa mirada altiva que ya entonces era un clásico en mi repertorio, pasé de largo de los tebeos para críos con gafotas y botas ortopédicas, y me fui directo al mayor puesto de discos, al cajón de los singles. “You're The One That I Want” y “Greased Lightning”, fueron los primeros discos que compré en mi vida. Y los escuché constantemente durante meses, inventé varias coreografías, quise ser Olivia sin gafotas, quise ser John sin botas ortopédicas, hasta pantalón de cuero negro ajustado quise ser, hasta hoyuelo de barbilla hubiese sido bien a gusto...
Así que puse en marcha mi carrera de coreógrafo aquel mismo año, en el festival de fin de curso. Cierto es que mis innovaciones estilísticas respecto al número original de la película, no eran demasiado bien recibidas por los demás, pero mis dotes organizativas, mi instinto para el mando, y mi: “...cómo que no queda bien, claro que sí, confía en mí...”, otro clásico, funcionaba ya por entonces a las mil maravillas.

Con el tiempo vendrían más películas. Olivia tocaría techo con la ELO y Gene Kelly en “Xanadú”, que es tan hortera, tan hortera, que gana mucho con el tiempo y cada vez me gusta más. “Flashdance” supuso un punto de inflexión en mis coreografías domésticas de puerta cerrada y pestillo echado. Y con el paso de los años descubrí películas más serias como “Fiebre del Sábado Noche”, “Fame”, la de Alan Parker, o “American Graffitti” y su flamante banda sonora, vademecum sixtie ideal para quien como yo, necesitaba iniciarse en todo y recuperar el tiempo perdido por no haber nacido antes.
Y “All that jazz” de Bob Fosse, aunque eso ya es otro tema y ya saldrá, que ésta es de mi top 10 particular.

"Xanadú" Olivia Newton-John & ELO. 1980.

Es curioso pero no conservo ningún tebeo de los que leía compulsivamente... y sí aquellos primeros singles que compraba en la Plaza Redonda, cuando mi padre me llevaba los domingos por la mañana, si hacía buen día y no salía mejor plan.


3 comentarios:

La gatita norte dijo...

Me alucina, la memoria que tienes.. estoy intentando acordarme de mi primer estreno y solo me viene a la cabeza Bambi.

Lo que si recuerdo es mi primer Gran musical, "Cabaret" con Nina en el Principal, me acuerdo que salí alucinada......

Sigo leyendo, que está muy interesante...

Besosss

Anónimo dijo...

Estoy leyendo todas las entradas de tu blog porque son geniales, he empezado por la de las Hermanas Goggi y no he podido parar...
Adoro Grease! me ha encantado como lo has contado, que memoria! ojala yo tuviera amigos asi y no como los que tengo, obsesionados por el reggaeton...
Un beso!

Anónimo dijo...

Un poco tarde para comentar la entrada pero..
Creo que era el año 78 cxuando la estrenaron en el Rialto en Las Palmas y no me dejaron entrar porque era para mayores de 14 ó acompañados y yo tenía como 10 años,ese es mi recuerdo de este estupendo musical.