sábado, 18 de noviembre de 2006

12. Llamando la atención

Con todo el asunto de la movida y Radio 3, llegué a temer un colapso en mi capacidad de asimilar tanto movimiento. Al fin y al cabo hay que reconocer que posiblemente se exageró mucho, y se trató como trascendental lo anecdótico. Pero la sensación que yo recuerdo pasaba por un ritmo de vértigo, y el temor a que cualquier descuido supusiera una pérdida de posición. Había que ser original, llamativo, irreverente, y desvergonzado, y que tu madre lo tolerara aunque fuera a regañadientes. Y sin dinero, como era mi caso, tenías que echarle imaginación.

Cualquier prenda de ropa era susceptible de ser teñida, recosida o combinada, para parecer única. Yo compraba mucho en las tiendas de ropa de trabajo. Eran prendas de algodón, no demasiado bien terminadas, pero que admitían recortes, pinzas, entalles y tintes, sin ningún problema. De esa manera, un pantalón de pintor, como los que usaba mi padre, teñido de negro y con una cinta de raso en las costuras exteriores, bien podía haberlo lucido el guitarrista de Thompson Twins, y dar el pego. Con los años llegué a perfeccionar el sistema. Mi madre siempre tuvo buena mano para el punto y la costura, y mucha paciencia conmigo. La mujer aguantó los 80, cosiéndome todo cuanto yo le “diseñaba” por estrafalario que fuera: camisas confeccionadas con telas de tapicería señorial, con muchos dorados, o de rasos brillantes que yo mismo decoraba a mano con mis rottring, chaquetas de patrones imposibles que combinaban punto y telas pintadas a mano, con muchas hombreras y cuellos vueltos fantasía... No, no tengo fotos.

En el instituto ya tenía mi pandilla de amigas: Yola, Caty, Marian... Éramos los modernos, casi siempre vestíamos de blanco y negro, jamás usábamos tejanos, y ya nos habíamos convertido en auténticos expertos en cardados, lacas, y secadores de pelo. Los sábados, después de comer, me encerraba en el cuarto de baño de casa y procedía al cardado, planchado, secado de mi sufrido pelo. La sombra de Robert Smith era ya alargada por entonces, y la aparición en el mercado de las primeras lacas extrafuertes, resultó providencial. Me llevaba varias horas cada sábado conseguir colocar todo el pelo hacia arriba y al final un cardado en forma de lechuga. Por si fuera poco yo siempre salía los sábados con las uñas pintadas en plan op art: una capa de esmalte blanco, un cuadriculado en negro con ese gran invento que era el rotring, y una capa final de esmalte transparente. Quedaba perfecto, pero tenía que salir de casa con las manos en los bolsillos para que mi madre no descubriera el invento.
Mundo a parte era el de los complementos. Todo tipo de corbatas, corbatines, pajaritas y cintas, servían para completar el modelito. También los cinturones y muñequeras de remaches, los pendientes con motivos religiosos, las cadenas de todo tipo, collares de perro, y cientos de chapas de todo tipo.
Durante esos años, vestí de todas las clases: fui punk, a mi estilo, fui siniestro con alma de nuevo romántico, llevé el pelo muy lago y muy corto, siempre demasiado. Me encantaba llamar la atención.
Tras el ceremonial de preparación de los sábados cogíamos el 70, y nos plantábamos en la sesión de tarde de Distrito 10. No nos dejaban entrar si no nos despojábamos de tantos complementos como los tipos de la puerta decidieran que resultaban peligrosos. Protestábamos muchísimo, y sacábamos el punky que llevábamos dentro, para finalmente aceptar las condiciones impuestas. Merecía la pena. El público de Distrito era esencialmente pijo: mucho sueter Privata, y mucho Caroche de botones con mocasín de borlas. La música era buena, de moda pero buena, y siempre metían un set como de media hora, en el que pinchaban música española de la que nos gustaba: Parálisis Permanente, Glutamato Ye-Ye, Radio Futura, Dulce Venganza... Ese era nuestro momento. Al primer acorde de guitarra del “Autosuficiencia” de Parálisis, saltábamos a la pista en plan punkarrón. Al menos durante unos minutos, aquello parecía otra cosa, y llamábamos la atención, que eso también contaba.

"Autosuficiencia" Parálisis Permanente. TVE. 1981.



Las tardes en Pachá solían incluir buenos conciertos. Prácticamente todos los grandes grupos de la movida pasaron por allí, desde Almodóvar y Macnamara, hasta La Mode. Fueron tardes fantásticas, aunque el verdadero templo de la modernidad estaba en Metrópolis, en la calle San Vicente. Todo lo más siniestro, popie, o punk de la ciudad se daba cita en Metrópolis. Era el público ideal para observar y copiar, copiar y copiar, todo cuanto llamara la atención y fuera fácil de hacer.

Y si no, siempre podías echar mano de los iconos del momento para inspirarte. Y como yo siempre fui impresionable, pronto caí en las garras de un personaje único, que apareció como de repente y se convirtió en todo un ídolo para mí: Tino Casal. Recuerdo perfectamente la primera vez que le vi por televisión, allá por el 81, cantaba un tema que me enloqueció, “Champú de Huevo”, y vestía sin rubor alguno con falsas pieles de leopardo y hombreras gigantescas. Ahí empezó mi pasión por los estampados animales, que aun me dura. Aquel primer disco, incluía una canción que se llamaba “Life on Mars?”, de un tal David Bowie, un chico que yo conocía por un extraño vídeo que ponían mucho en la tele en que salía vestido de arlequín. Así que puedo decir que Casal me descubrió a Bowie. Y muy agradecido que le estoy. Casal tenía una personalidad magnética que sin duda, merece capítulo a parte.

"Life on Mars?" Casal. Aplauso. TVE. 1981.

4 comentarios:

Chema dijo...

Lástima que no haya fotos de aquella época.

Farrita, corte y confección dijo...

Chema, seguro que hay fotos pero me temo que no se las arrancaríamos ni bajo tortura de la gota malaya jajajaja. Por cierto, me han encantado los momentos "Diseña tu moda", qué manitas!

Acid Queen dijo...

Que no hay fotos, joer...

Aunque sí es cierto, que si las hubiera, ni muerto las publicaría...

killer queen dijo...

Bueno, parece mentira que la Acid y la killer siendo de generaciones bien distintas tengamos tanto en común, si, lo confieso yo soy mucho más mayora pero, más o menos, en los 80's hice y oí lo mismo. Mi premisa no era llamar la atención, la verdad me daba mucho corte que me miraran, yo lo hacia por que queria ser diferente, original y, por supuesto, no parecerme a un progre ni de lejos. De repente mi entorno empezó a ser aburrido, la música que escuchaban mis amigos era la misma de siempre (herencia de los 70s) y decidí hacerme moderno en silencio e ir a conciertos solo. Mi primer concierto moderno, en Distrito 10, fué el de Casal.... bueeeno como lo flipé; porque, como la Acid, yo también queria ser como él, además era artista plástico, hacia sus propias portadas y eso me conectaba aún más. Lo había decidido, yo de mayor quería ser como Casal, un arista TOTAL! Ah! yo si tengo fotossss, pero ni borracha las enseño!